El Protocolo Familiar aparece como uno de los procesos más necesarios dentro de la planificación de la empresa familiar. Tal y como tratamos en entradas anteriores, el Protocolo Familiar lleva a profesionalizar la estructura de la empresa a través de la creación y desarrollo de los órganos de gobierno, y realizar una planificación a largo plazo en base a esta nueva estructura.

Como ocurre en el Plan Estratégico y, especialmente por las tensiones por las que suele pasar el desarrollo de un Protocolo Familiar, la figura de un Consultor externo propicia el buen fin y dinamización del mismo. La duda que surge en el momento de tomar la decisión es:

¿A quién le encargamos que nos haga el protocolo familiar?

La elección no es una tarea fácil. Existen multitud de profesionales: expertos en temas legales, tributarios, gestión, etc. lo que puede llegar a confundir al empresario con una muestra de gran amplitud de conocimientos, pese a no tener las virtudes para encaminar este proyecto.

La empresa familiar difiere de una empresa común. La experiencia en la empresa familiar te permite ver que, en la gran mayoría de los casos, el sentido común del lenguaje ordinario y una profunda personalidad que facilite la comunicación y logre “unidad” se convierte en una virtud básica a exigir a un profesional que se plantee trabajar con empresas familiares.

Pero esta característica no basta, puesto que las empresas familiares son ante todo, empresas de negocios. Por tanto, ¿qué características destacan en este tipo de profesionales?

  • Cuentan con habilidades en el uso de la empatía, profesional comprensivo y cercano a los miembros de familia.
  • Disponer de formación en “alta dirección” y capacidad para identificar las necesidades de gestión y gobierno de la empresa.
  • Profesional con un “saber hacer” desarrollado y años de experiencia en la empresa familiar.

Cuentan con habilidades en el uso de la empatía, profesional comprensivo y cercano a los miembros de familia.

Lograr la tarea de “unir” a los miembros de la familia con la “empresa” con éxito dentro de su contexto profesional y de mercado específico, es una tarea que requiere conocimientos de gestión y de mercados.

Ser capaz de hacer entender a cada miembro de la familia que, dependiendo del foro en el que se encuentre, ocupará una función u otra. Podemos encontrarnos un consejo de familia donde algún integrante ocupe un puesto puramente operativo y, éste ha de saber cuándo le corresponde y dispone de posición para ejercer su voz y voto, y cuando es un integrante más de la empresa sin poder de decisión sobre iguales. No todos los componentes de la familia servirán para ocupar un puesto de responsabilidad y, es tarea del consultor, lidiar con los posibles conflictos que aparecen a la hora de determinar la persona válida para el desempeño de los diferentes cargos dentro de la organización.

Tener a la familia unida, pero obstaculizando la buena marcha de la empresa en su contexto de mercado es un error y una trampa común de la empresa familiar.

Disponer de formación en “alta dirección” y capacidad para identificar las necesidades de gestión y gobierno de la empresa.

Capaz de organizar y establecer, dentro de los lazos propios en la empresa familiar entre Familia, Empresa y Propiedad, los diferentes foros u órganos de gobierno. Establecer los mecanismos que permitan la ejecución de una dirección eficaz.

Profesional con un “saber hacer” desarrollado y años de experiencia en la empresa familiar.

Ha de ser conocedor de las particularidades que envuelven a la empresa familiar, y con capacidad de fortalecimiento de las múltiples ventajas que presentan estas estructuras.

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