Ser la opción más económica ya no es suficiente y debemos por tanto, presentar la mejor propuesta de valor posible al mercado.

La banalización continua del término “Coste de Oportunidad” me molesta. Parece que el concepto clásico ha perdido valor en el momento actual, y que si no utilizamos algún tipo de “anglicismo yupi”, no sabemos de economía.

El coste de oportunidad, para aquél que no conozca el término, designa el coste de la inversión de los recursos disponibles, en una oportunidad económica, a costa de la mejor inversión alternativa disponible, o también el valor de la mejor opción no realizada.

Término acuñado por Friedrich von Wieser en 1914, nos viene a decir que en cada decisión que tomamos, -dado que los recursos son limitados-, debemos tener presente que otras decisiones estamos dejando de lado o renunciando, lo que nos lleva a un modelo de pensamiento reflexivo que nos hace meditar más si cabe cada inversión, -ya sea inversión en dinero o tiempo-.

Los consumidores, ahora más que nunca, cuentan con recursos limitados. En los últimos tiempos ya hablábamos de un nuevo tipo de consumidor, exigente, con mayor información de mercado, que se ha vuelto técnico con la aparición de internet, -medio por el que ya se ha informado de precios, características técnicas y enriquecido además, con opiniones de otros usuarios la suya propia-. Ambos factores definen a la mayoría de lo consumidores actuales y por tanto, a nuestro escenario presente y futuro. Lejos quedan los tiempos de la compra más impulsiva, donde bastaba con algo de buen marketing para alcanzar niveles de ventas deseables.

El coste de oportunidad es un factor clave en el momento actual. Ser la opción más económica ya no es suficiente y debemos por tanto, presentar la mejor propuesta de valor posible al mercado. Este es ahora uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos.

Las compañías que han dejado de pensar en términos de crisis, y que simplemente, se adaptan al medio, son las que están sobreviviendo con éxito. Nuestro entorno ya no es una circunstancia sino nuestro nuevo escenario, nuestro tablero de juego.

Debemos entender las reglas y conocer nuestro consumidor, al que en este momento, un euro invertido en nuestro producto le supone mayor coste de oportunidad que nunca. Dejar de degradar este término y hacerlo base de nuestra estrategia.